lunes, 14 de octubre de 2013

FIFA 14

Estoy estrenando FIFA 14 y debo confesar que es mejor que el sexo. Pensarán que lo digo porque soy malo en la cama y me refugio en los videojuegos y pues, la verdad, digan lo que se les dé la gana, no me importa. ¿Cómo no me va a gustar más el FIFA que el sexo si a lo primero puedo dedicarme ocho horas sin parar y a lo segundo no?

Para empezar, a mí no me gustan los videojuegos, me gusta el fútbol. De niño tuve Atari porque era lo que se le regalaba a los niños de entonces y no tuve opción; un día mi papá apareció en la casa con uno porque sí, no era Navidad ni mi cumpleaños. Era novedoso, pero me aburrí rápido. Yo soñaba con un Adidas Tango anaranjado que usaban para jugar en la nieve que nunca me regalaron. Olvidado el Atari no tuve Nintendo en ninguna de sus versiones porque yo lo que soy es un futbolista frustrado, por eso vivo pegado a FIFA (antes al Pro Evolution Soccer). Yo no juego videojuegos, yo juego fútbol.

Así soy, las cosas serias las dejo para última hora, pero las nimiedades que me hacen feliz las asumo con la seriedad de un cónclave papal. El día que compré FIFA 14 me fui para la casa temprano, apagué el celular y almorcé a las 9 de la noche porque se me olvidó hacerlo antes. A la mañana siguiente me desperté a jugar a las 6 a.m. Yo, que escogí el periodismo para no madrugar nunca en mi vida.

Cuando me gusta algo me gusta con intensidad, casi con dolor, y no lo suelto hasta que me aburro. El tema con los juegos de fútbol es que nunca me aburren porque por medio de ellos vivo mis sueños frustrados. Cuando me va mal en un torneo ando de mal genio, no duermo bien. Soy un emo del Playstation, un emo viejo, no sé qué sería de mí de haber sido director técnico de verdad, de esos que echan a la cuarta fecha por malos resultados.

Por ejemplo, yo deje de salir con una mujer porque me compró FIFA 12 de sorpresa, yo me enteré y le pedí que me lo diera de inmediato para estrenarlo, pero ella aclaró que era un regalo y que me lo daba cuando nos viéramos el sábado (apenas estábamos a martes). Yo insistí, le dije no podía esperar, ella me puso a escoger entre ella y el juego, y perdió. Me dejó por inmaduro y yo la dejé por cruel, ¿como me iba a hacer esperar cuatro días? Ahora que ando soltero me metí en un torneo en el que voy de 18, a 7 puntos de salvarme del descenso a falta de cinco fechas y sé que me voy a ir a la B. Yo, que superé la crianza de mi madre y a mis dos ultimas ex novias, tengo claro que nunca me voy a recuperar de ésta.

Por cosas así reconozco que FIFA y similares son unos juegos de perdedores, de gente triste y sola. Ahora que todo es virtual la gente me pide mi usuario para jugar por internet, lo que se me hace patético; enfrentarse a un tipo que está en Japón y luego a un suizo es de idiotas. Yo no tengo usuario, y si lo tengo, no sé cuál es, nunca voy a darlo. Yo juego solo o invito a amigos de carne y hueso a la casa, como tiene que ser.

Es que son más idiotas que yo. Les encanta hacer bicicletas y taquitos y jugadas de fantasía, tendencia en la que me resisto a caer. ¿Han visto fútbol profesional? ¿Qué jugador serio se pone a hacer pendejadas en una cancha cuando lo que está en juego son el sueldo y los puntos? También existe el que prefiere el Pro Evolution Soccer por la “jugabilidad” (término que parece acuñado por un  narrador de fútbol) y no le importa que la liga inglesa no tenga los equipos reales y le toque a uno jugar con el Yorkshire Orange, el South Norwood y el West Glamorgan City. Digo, si uno va a cumplir sus fantasías con un juego, que al menos venga con los nombres, los uniformes y los escudos que son.

Y por eso quiero felicitar a la gente de EA Sports, que no me está pagando por escribir esta columna. Gran producto el que sacaron. Ya me eché una liga con el Junior, equipo del que soy hincha, y puedo asegurar que hicieron un excelente trabajo plasmándolo como la porquería que es en la vida real. A ver si los Char se ponen las pilas.

Publicada en la edición de octubre de la revista Enter. www.enter.co