jueves, 27 de febrero de 2014

Un saludo a los papás

Un amigo que organiza excursiones de colegio me dijo la semana pasada que los niños son la verga pero los papás los estropean. Me contaba que cuando los padres le dejan a los pequeños antes de salir de viaje los cohiben de tal manera que se comportan como unos imbéciles, pero luego, solos y en libertad, vuelven a ser personas.

Pues eso, que somos una desgracia por culpa de nuestros padres, ellos lo son por los suyos, y así hasta llegar al Génesis. Ustedes porque no me conocieron de niño, pero es un milagro que ahora de adulto yo trabaje, baile, juegue fútbol, tenga amigos y hasta haya tenido sexo.

Es que era un desastre. Estoy convencido de que durante mi adolescencia mi papá pensaba que yo era un idiota. Es que no daba. Todo tartamudo, me refugiaba en un walkman para evitar a las personas. No hablaba con nadie, perdía años en el colegio con al menos 11 materias reprobadas y luego en la universidad perdía cinco de siete. No me interesaba nada, andaba por ahí como un idiota sin dar señales de vida. Mi abuela, que vivía con nosotros, les decía a las empleadas que pobrecito yo; mi papá callaba, pero seguro se preocupaba.

Una amiga que es más tarada que yo me confesó que de joven su padre le decía que ella iba a ser todo lo que él no había podido. Qué manera de cagarse a la gente. Digo, ¿por qué mejor no le pegó un tiro? Mi amiga es brillante y mal no le va, pero qué herencia la que carga.

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