martes, 1 de julio de 2014

El rector del colegio

La sanción a Suárez por el mordisco a Chiellini es exagerada, populista, e incoherente. Exagerada porque darle nueve fechas es dejarlo sin mundial y un poco más. Populista porque qué es eso de cuatro meses sin poder entrar a ningún estadio del mundo y la obligación de abandonar Brasil, como si fuera un delincuente internacional y no una persona enferma que además de un castigo necesita ayuda sicológica. E incoherente porque no se entiende la política ni los estándares morales de este deporte.

En un torneo lleno de cochinadas, Luis Suárez es una especie de Lee Harvey Oswald, el pendejo que hay que colgar y exhibir para mandar un mensaje. Dijeron que su conducta era intolerable (y lo fue) y que era preocupante el impacto de las imágenes de Suárez mordiendo a un rival en los hinchas en todo el mundo, incluidos los niños. Supongo a la gente del fútbol le importa mucho las repercusiones que una agresión física pueda tener en las futuras generaciones, pero le tiene sin cuidado que las autoridades brasileñas hayan desalojado a la fuerza a 600 familias de la favela Metrô-Mangueira, vecina del Maracaná.

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