viernes, 4 de julio de 2014

No vengan a Brasil

No vengan a Brasil, de corazón. No se dejen descrestar por la foto de apertura, que aunque bonita, lo cierto este país no tiene nada que ofrecer. Todo lo que acá se pueda encontrar (playas, gente, naturaleza, fiesta, hoteles de lujo), existe también en cualquier otro lugar del mundo, pero a mitad de precio. Porque este país es ridículamente caro. Y no solo a mitad de precio, sino limpio y seguro, porque este país, en especial Río de Janeiro, también es ridículamente inseguro y huele a orines.

Con lo que me costó el pasaje a Río me iba dos veces a Europa, y con lo que pagamos por cinco semanas de apartamento se puede adquirir un carro. Acá, salir a comer a la calle es como ir todos los días a un restaurante de los hermanos Rausch y las cosas son terriblemente lentas, nada anda. Hay filas en todas las cajas de Río de Janeiro porque acá hasta pagar unos chicles es un trámite burocrático. No hay caja de droguería, supermercado, almacén o restaurante que no esté congestionada el día entero. Y el embotellamiento también se ve en las calles. La movilidad es peor que la de Bogotá aunque, hay que decirlo, no se ve una sola calle rota. 

No vengan a Brasil, de verdad, que acá hay peores ladrones que en Colombia. El restaurante al que siempre iba a almorzar subió los precios durante la segunda semana del mundial. Pedí hablar con el dueño al respecto y me dijo que lo había hecho porque había más demanda que de costumbre. Es una ley de la economía que cualquiera aplica, pero no deja ser ofensivo que se la hagan a uno en la cara. Brasil es un lugar con 200 millones de costeños, y eso es insufrible. Yo me aguanto Barranquilla porque allí nací y son solo dos millones.

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